domingo, 10 de agosto de 2008

deslealtad

Hay ciertas cosas, situaciones, momentos, personas, que uno se pasa el día intentado no recordar.
Hacemos distintas actividades, nos recargamos de tareas, organizamos encuentros, alquilamos más pelis, leemos más cosas, todo con el precioso y significativo propósito de sustraer a nuestra conciencia de aquello que nos provoca una sensación displacentera (es decir: nos duele).
Yo hago esto, me lleno de tareas diarias y de distracciones, de diversiones momentáneas, que me sirven para creerme el orden inventado en mis días y me sostiene en el marco de una felicidad diaria.
Pero tengo una pequeña falla,un botoncito escondido que emite señales más fuertes que la alarma de la escotilla de Lost: mi querido y traidor inconsciente, aaah si si, ese desgraciado nunca juega a mi favor y ataca en el peor momento: cuando duermo.
Mis sueños son corrientes fluidísimas de aquellas cosas que no quiero tener presentes, en miles de variables y combinaciones, y el muy guacho encuentra la forma de hacerme notar, que por más que la juegue de superada hay cosas que no olvido, que no oculto de mi misma. Que el montoncito de mugre que escondí abajo de la alfombra crece ahí para convertirse en un brazo del riachuelo, y no basta con la "estúpida diurna" (ese seria mi lado consciente) para desagotarlo...

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